06 julio 2006

Cucarachas nº 3.

(Una historia inconclusa...)




Maceo improvisa, caldea el ambiente para Camila que pone copas tras la barra, guiña un ojo al jefe cuando pasa hacia el almacén con Cassia, la brasileña del coro.

Bebemos como si fuese la última noche, nuestro hígado se lo merece; las sonrisas parecen menos falsas, el regusto etílico tiene esa cualidad especial de tamizar, como a través de una lente de cristales convexos, la realidad.

El hombre marrón, de gabardina marrón, sombrero de ala ancha marrón y humo de puro marrón, pasa desapercibido al final de la barra, observa todos sus movimientos, el contoneo urgente de Camila. Cuando por fin se acerca, estira sus antenas y la retiene por el cuello, sin hacerle daño, sólo quiere susurrarle muy cerca del oído. Camila abre los ojos comprendiendo y escucha atentamente.

- Hay cosas que no se deben contar y hay cosas que no se pueden contar, igual que, hay cosas que no debemos hacer y cosas que no se pueden hacer. La diferencia es tan sutil, tan carente de sentido pero, ¡que sabemos las cucarachas de todo esto! .

Hace mucho que a Camila dejaron de interesarle esa sarta de sandeces, redujo a cenizas El Ser y la Nada con mucho gusto; con el mismo gusto cogió su maleta, la arrastró una vez más y detuvo el primer vehículo. Al pasar leí las grandes letras rojas en el remolque del camión, Pollos Coren.

Un momento como cualquier otro, para seguir su camino.

(Imagen de Gwendoly Kraehenfuss).