24 abril 2006

Por 30 céntimos de Fortuna


En el década de los setenta, la gente aquí se retorcía de hambre. Hoy han subido 30 céntimos el paquete de "Fortuna" y descompensado mi presupuesto mensual; debería emigrar como lo hizo mi padre, y su padre antes que el mío. Siguiendo a Cristóbal, los gallegos volvieron para recolonizar el Nuevo Continente, ¡y de qué forma!.

La familia es lo más importante y lo negocios de la familia son cosa de la familia. Así mi padre sentenciaba y dignificaba los prostíbulos de Colón y Boca del Toro. Salvo por la bomba que cayó en uno de los moteles (según las investigaciones, por un fallo en los cálculos del sargento Sánchez cuando apuntaba a la residencia no oficial del presidente Noriega), los clubs han funcionado con relativa tranquilidad: de ahí mi educación en universidades privadas de Europa, el porche y las úlceras de estómago que cobran los dólares pagados al chulo, a la familia. Cada noche unos 10 mil dólares de úlcera abierta y sangrante.

La diferencia entre una puta y una mujer "decente" es el nombre, mi padre lo resolvió llamándonos a todas negrita, resulta curioso porque parezco albina, pero esto simplifica las cosas de familia y eso es lo que importa.

Últimamente me ha dado por guardar bajo llave los libros de Beauvoir, Zambrano y Lafont, es absurdo utilizarlos si trabajo de madame... el negocio es el negocio, la familia es lo que importa.

(Imagen de Aaron Hawks).



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20 abril 2006

Giro Postal


La pequeña de los Liddell pasó la lengua por la tira de goma adhesiva y cerró el sobre, lo colocó entra las cuerdas del paquete y salió corriendo el paseo de encinas, siempre mirando al frente.

El pueblo al final de la vereda se abre a la plaza, el reloj de la iglesia marca el diez de picas en punto. La oficina de correos interrumpe su actividad frenética, es la hora de los bollitos sin nata.

Alicia se sienta a esperar en los peldaños de la escalera y aprovecha para hacer inventario:
-Le mando... una amanita muscaria del gusano fumapipas, herba de esquecer, el mechón de pelo, lupa convexa y xilófono.

A las diez y diez picas pasadas, el bullicio enmudece y la oficina de correos recobra el ritmo de las cartas urgentes, los certificados devueltos por cambio de domicilio o por ausente. Desde que Palacio selecciona a los funcionarios de entre los más blanco-negros del lugar, las cebras lían todos los envíos, el oso panda de paquetería se zampa los envoltorios de cáñamo. Es, básicamente, un desastre.

Alicia se cuelga del mostrador, -envío urgente al apartado 444veces4 , por favor. Y el paquete sale disparado a los estantes que procesan las mofetas. Giro de 180 grados, saca la enorme llave que deforma su bolsillo y se dirige a la hilera de diminutas puertas. Alicia se acerca a una de madera de caoba con letras grabadas a mano: "Esperando desde hace mucho". Un Jackson enano le entrega la correspondencia, remitida por Slesnor , desde el otro lado del espejo.

Los ojos como platos, sonrisa llena, nada más salir rompe el papel de estraza. Alicia abre el estuche negro, es un Colt precioso calibre 9 mm con una tarjeta manuscrita:

Selección Natural.

Con cariño, Slesnor.


(Imágen de Alicia Liddell).

11 abril 2006

Síndrome de Hans von Heiddeberg


A un lado Bretonia, al otro Madarice y entre ambos la cabina blindada de Paul, con la barra a listas roja y blanca cerrando la frontera.

El primer ministro de Madarice, reunido en misión diplomática con el Jefe de Estado bretonio, negocia a estas horas la revisión del "Convenio Internacional sobre las demarcaciones territoriales entre los países de Bretonia y Madarice" de 1917. Tras los graves acontecimientos acaecidos, los máximos representantes afrontan la gravedad de la situación al más alto nivel, involucrando a todos sus departamentos y ministerios en la resolución del conflicto.

Los primeros informes hablan ya de tragedia. La sintomatología es preocupante, de hecho, un sesenta por cierto de la población bretonia y un cuarenta respecto al total de madaricienses (aún no se ha descubierto el por qué de la afectación distinta, un estudio acerca del rh negativo más común en Madarice asegura la relación con esta aparente inmunidad...) padecen lo que se ha denominado como síndrome de Hans von Heiddeberg -psicoanalista bretonio que descubrió la pandemia-. El tratamiento, aún experimental, consiste en una terapia de choque nada habitual: el paciente es sometido a estímulos lumínicos y sonoros, cambios en los hábitos alimenticios, ansiolíticos y antidepresores tetrahidrocannabinoides... todo, para contrarrestar el terror repentino hacia la barra a listas roja y blanca que Paul subía y bajaba una vez comprobados los visados oficiales.

El borrador de la nueva convención, "Tratado Internacional para la supresión de las fronteras y desarrollo de la cooperación postfronteriza entre los Estados de Bretonia y Madarice", será aprobado por las respectivas Cámaras en sesión de urgencia.

Paul, aduanero de profesión durante 27 años será relevado de su cargo a espera de nuevo destino. Esta noche a las 12 horas bretonias, 11 en Madarice, abrirá por última vez la frontera, la cabina blindada será desmantelada. Paul ha iniciado los trámites burocráticos en el registro general de ambos países para la constitución de una nueva ONG, "Aduaneros sin Fronteras" , que defenderá los derechos fundamentales de todos los aduaneros sin fronteras a nivel internacional. Queda convocado el acto inaugural: aduaneros, uníos!!.




07 abril 2006

Hermanitas de la caridad.


A las seis menos veinte, con el amanecer anaranjado del distrito XVII de París, la hermana Marie Victorie se levanta del somier de madera, deja esbozado su perfil en el colchón de espuma, el lavabo del pasillo, los hábitos puestos, escalera abajo hacia el patio, los cristales del claustro sucios del CO2 gris de los autos.
El pulsador eléctrico de la campana facilita la tarea y las ondas graves del badajo aprovechan el eco de las piedras para anunciar, impertinente, la primera oración del día.
Cruza de nuevo el patio viendo el reflejo amarillento en los cristales sucios del cláustro, sube sin demasiada devoción las escaleras hasta el comedor y murmura palabras de rosario olor a rosas que juega entre sus manos.

El convento de Saint Jacques abre el portalón temprano, se disponen dos mesas con tazas humeantes de chocolate recién hecho y bizcocho de almendras ... las sombras entran arrastrando el humo de club recién cerrado, los carritos improvisados repletos de extraños objetos. Los pasos arrastrados dejan tras de sí un hedor rancio a licor.

Hace mucho, las sombras tenían nombres propios pero con el frío de parques y cartones olvidaron...
Serge, El Puertas, entra siempre vociferando frases inconexas y palabras perdidas en su mente. Le gusta ir de puerta en puerta gritando a la última planta de los edificio hasta la afonía del atardecer. Es buena gente; por debajo de los gritos toma el chocolate caliente, el bizcocho y se marcha sin dejar de vocear.
Molina, el viejo republicano español exiliado tras la guerra a Francia, canta como los ángeles; agradece las viandas mañaneras con una compilación de temas de Antonio Molina, el cantante de copla español, que admira y emula. Lleva consigo un saco de tela repleto de botellas de vino, algunas llenas, otras vacías...y un paraguas colgado a la espalda con los que recorre París cantando y añorando la patria. Algún día volverá, en cuanto recuerde el camino.
André, El Ceniza, trabajó de joven en las minas del Norte; acompaña normalmente a Molina, es el único que lo aguanta:
-Hermana Anne Marie, ¿sabe que ayer murieron tres hombres aplastados por un camión?. ¿Sabe que murieron cinco hombres y dos mujeres asfixiados con gas en la rue Montmartre?...
-Hermana Anne Marie, ¿sabe que mataron a una vieja en la rue de Rivoli y la encontraron mordida por los peces en el Sena?.
Nadie aguanta a André, El Ceniza, aunque todas las muertes que relata sean inventadas...
Jérôme viste un traje maloliente, sombrero de ala corta, zapatos de piel sin cordones. No falta ni una sola mañana al chocolate de las monjas. Aprovecha el aseo del patio para refrescarse con agua limpia. Antes de irse deja un poema en las macetas de flores que bordean la entrada al patio, el poema siempre desaparece al acto escondido bajo los hábitos de la hermana Dominique. Entre los Salmos 11-12 de su biblia, sueña palabras de amor de una sombra.

A las diez en punto, la hermana Marie Victorie recorre de nuevo el patio y aprieta dos veces el pulsador eléctrico, la campana de la torre se mueve, escandalosa, anunciando la segunda oración del día.

(Imágen de Karen Preston)


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04 abril 2006

Variación musical.


El cartel lo anuncia, a las diez en punto, en el Sunset de la rue Lefebvre. Desde el hotel, bajar la calle hasta la parada del tranvía y veinte minutos de suave traqueteo. Chet disfraza la mirada ida del crack, aferra el maletín de su Stradivarius -el mejor modelo de trompeta fabricado por Bach hasta la fecha- y dibuja una semifusa en el vaho que deja su aliento de Château Petrus, -le pagan bien los conciertos a pesar de las últimas escenas esperpénticas en el escenario.

Se baja antes del parque para recorrer los metros que le quedan fumando, saliva la punta del cigarro y espolvorea encima un poco de coca con el fin de equilibrar los bioritmos.

El portalón del convento de Saint Jacques se abre a unos pasos y del patio salen las novicias, en fila disciplinaria tras la hermana Marie-Anne, con el hábito ceñido al cuerpo y el rosario de penitencias ahogando el pecho.

Chet piensa que éstas no son como las chicas del club, siempre dispuestas, sobadas, sucias.

La piel de novicia es dulce y suave, santa, inmaculada si no fuera por las huellas del cilicio, conoce el placer del dolor; los pechos secos de leche, rebosantes de maná bíblico.

Calmó su sed con tres johnnys entre improvisación e improvisación: la trompeta sonaba a teta de novicia mordida con ganas, a bulto duro bajo el pantalón.

(Imágen de Klein)




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