16 abril 2007

Cucarachas nº 4


Dispuse que mi cuerpo fuese donado a la ciencia, no por principios comprometidos con el avance científico si no por el simple placer de imaginar alguna de mis vísceras conservadas para siempre en formol: la parte correspondiente al sexo del córtex cerebral, algún dedo tieso gris-roto, o mi estimado pulmón de fumadora compulsiva para exponer en el Museo de Ciencia Natural.

Y es que mis intestinos no difieren del común, ni siquiera me distingue un miembro formidable o tengo alguna mutación genética que reseñar. Lo cierto es que me reconozco única y envasable.

El día que me descubrí manufacturable fue uno de los días más extravagantes de esta historia...